El día de Octavio

Tavo flota (belleza pura)

Por Valeria Tellechea

La historia nos llega el año pasado casi de casualidad. Alguien comparte sobre la lucha que llevan a cabo amigos y familiares de Octavio Romero. Como de casualidad también, fue justamente para el día contra la Homo-lesbo-transfobia. Ya no tanto por casualidad, nos contactamos con Gabriel, su pareja, a quien le pedimos que dedique unas breves palabras, que sea su voz la que hable y sus letras las que golpeen. Un año después, casualmente o no, recordamos nuevamente el caso y pensamos que hacía falta más, más voz, más grito, más justicia. Porque hay algo que no fue casualidad y es la historia de Octavio.

Quién era Octavio Romero

Sus amigos lo llamaban Tavo. Nacido en Curuzú Cuatiá, desde 1998 trabajaba en Prefectura y era Suboficial en el sector de control de Gestión, en el edificio Guardacostas ubicado en Puerto Madero. Con energía que desbordaba, Tavo era una persona incansable. Dos traductorados de idioma, una carrera universitaria, acrobacia y, por sobre todas las cosas, rodeado siempre de mucha gente. Estaba a punto de ascender de rango aunque no estaba seguro de continuar allí. Contradicciones más, contradicciones menos, en junio de 2010 es sancionada la ley de matrimonio igualitario. En ese momento, junto a Gabriel, decidieron casarse luego de estar doce años juntos.

No hacía falta pedir permiso para casarse, pues habían sido derogadas las solicitudes de venia dentro de las Fuerzas Armadas allá por el año 2008. Igualmente Tavo debía informarlo a sus superiores y así lo hizo. Era una nueva etapa en la vida de ambos, como dijo una vez “el mismo amor, los mismos derechos”.

11 de junio de 2011

Gabriel Gersbach era la pareja de Octavio. Cada día de su vida recuerda ese día… y los que siguieron.

Recuerdo que esa noche Tavo tenía que ir al cumpleaños de una amiga. Yo no podía ir porque trabajaba. Sus amigos, preocupados porque no llegaba, me llamaron para ver si sabía dónde estaba. Cuando vuelvo a nuestro departamento veo que están todas las luces prendidas, el saco que iba a ponerse esa noche colgado en una silla, la plata sobre la mesa. Algo raro pasaba porque Tavo no aparecía. Esa misma noche llamé a todos los hospitales pero no había ningún dato por ningún lado.

Al día siguiente, luego de la denuncia, la policía me llama a declarar. Hice toda la declaración dos veces, seguramente para que no te pises, o sí, en tus dichos. En la comisaría me encuentro con los jefes de Octavio y me preguntan qué había pasado, les cuento que no está, que no aparece desde la noche anterior, su celular está apagado, estamos todos buscándolo. Antes había llamado a uno de sus compañeros de trabajo y le digo de lo sucedido. Esta persona le cuenta a los jefes, por lo que supongo luego verlos en la comisaría. Luego ellos fueron a hablar con el comisario, cosa que yo no hice, solo hablé con una oficial, estuve como dos horas, hice mi declaración y me fui, estaba muy triste, me quedé ahí encerrado. A los dos días allanaron mi casa, como 15 policías en un camión. En ese entonces vivíamos en San Martín y Córdoba. Ese día había mucha gente en casa, los hicieron salir a todos al pasillo del edificio pero no podían salir de allí, mientras, yo hablaba con la prensa. Ellos querían encontrar el arma, yo como sospechoso primero. Estuvieron como cuatro horas buscando. Honestamente me sentí un poco humillado porque la verdad es muy feo, que revisen toda tu intimidad. Se llevaron mis computadoras, el celular con el chip, la maquinita de afeitar, hasta un cepillo de pelo muy viejo. Todo eso nunca volvió, solo recuperé la laptop de Octavio pero que al día de hoy no funciona. El 17 de junio vinieron dos policías de civil y me llevan nuevamente a declarar al departamento de Investigaciones de la Policía, alrededor del mediodía. El jefe de investigaciones, que en ese entonces era Gabriel López, justo salía del edificio. Vuelvo a hacer la declaración y cuando salgo, estaba prendido el noticiero que decía “Apareció el prefecto muerto”. Entonces vuelvo a la oficina y les digo “¿pero cómo? ¿Apareció muerto?” “Quedate tranquilo que él no es”. Y ahí comenzó una angustia muy grande. Ese mismo día no me dejan irme de ahí, tenía que esperar a una psicóloga. Veo a López nuevamente y le pregunto si era Octavio el prefecto muerto, dijo no saberlo pero sin mirarme, como dándome una certeza de algo que no podía decir.

A todo esto habían pasado seis días ya. Vuelvo a mi casa con mi familia. Para ese entonces había hablado con muchísima gente pero nadie me decía nada, muy desesperante. Se me ocurre en ese momento llamar a Omar Quiroz, quien también ha sido sospechoso del asesinato de Octavio. Omar trabajaba en el mismo edificio que Octavio pero en otro sector. No era su amigo, solo conocido. Su mujer trabajaba en nuestra casa los sábados, con quien tenía mucha confianza. Él venía de la morgue. Lo llamé y me dijo que no podía decirme, le rogué por favor que me dijera … y me lo confirma. Corté sin mediar muchas más palabras y me agarró un ataque de nervios. Después de esa noche me fui a dormir a lo de mis padres, ya no podía volver al mismo sitio, me dolía muchísimo ver todo, las mismas paredes, los mismos olores. Solamente volví por Sancho, nuestro perro, y a buscar mis cosas. Quedé instalado en la casa de mi mamá.

El cuerpo lo encontraron en Vicente López por lo que tocaba la morgue de provincia. Nuevamente un calvario para saber dónde estaba el cuerpo de Octavio porque nadie sabía o quería decirme. Varios llamado después me dicen que se encuentra en la morgue de Lomas de Zamora. Era 18 de junio, un día horrible, lluvioso, muy frío. Llegamos a la morgue y nos atiende el jefe, pido ver el cuerpo y me lo niega, alegando que nadie podía verlo. Estaba muy angustiado, estresado, jamás me podría haber imaginado algo así. No me dejaron pasar y nos sacaron del lugar. Me fui insultando a todo, salí caminando bajo la lluvia, no sabía dónde ir.

Volví a mi casa, empecé a ver cómo hacía mi vida de vuelta. Al otro día hablo con la mamá de Octavio y me entero que tampoco la dejaban ver el cuerpo; tuvo que tirarse al piso, hacer un escándalo para poder ver a su hijo. Ella se iba a llevar el cuerpo a Curuzú Cuatiá, de donde era oriundo Octavio, le pido hacer un velorio para sus amigos de Buenos Aires, que eran muchísimos. Hablé en su momento con el jefe de Protocolo y Ceremonial de Prefectura, el señor Tancredi; siempre recuerdo ese apellido, es una de las óperas más lindas de Bellini y yo soy melómano; me dice que cubren el velorio y el sepelio y que iban a acompañar todo el servicio hasta su envío a Curuzú Cuatiá. A la mañana, a cajón cerrado, hicimos el servicio. Nunca pude ver el cuerpo, nunca pude darle un beso de despedida.

El arma que nunca fue y las amenazas que sí fueron

La casa de Gabriel y Octavio fue allanada dos veces. Buscaban el arma reglamentaria del prefecto, que nunca encontraron. “El arma desaparece dentro de Prefectura, Octavio nunca andaba armado. Ellos insistían con que yo tenía el arma pero era ilógico porque nunca la trajo a nuestra casa, además que a Octavio no le pegaron un tiro, le dieron golpes en la cabeza y lo tiraron al agua. Entiendo que es un procedimiento, pero me sentí muy humillado, rebajado, con todo el dolor que sentía en ese momento, y no poder siquiera defender a Octavio. Cuando nuestros amigos y familiares míos fueron a declarar, todos dijeron que él había sido amenazado, porque lo había contado. Escribían agravios en los baños de Prefectura, pero cuando fueron a hacer los allanamientos fueron todos muy por arriba, superficiales. A mí sí me presionaron pero yo no tenía nada que ocultar. El sistema es muy perverso y anticuado”.

Había un compañero, personal de Prefectura, que lo echaron porque dijo, en teoría, que era bisexual. Él fue a declarar de manera espontánea, diciendo que Octavio había sido amenazado y discriminado por su condición de gay. Por esa situación lo envían al sur, a Caleta Olivia. Cuando es llamado nuevamente para declarar, directamente lo echan.

La causa

Ya se van a cumplir dos años y aún no se sabe quién mató a Tavo. La causa, a cargo de la fiscal Andrada Segura, lleva ya más de 26 fojas. Gracias al trabajo y apoyo de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) Gabriel ha conseguido ser querellante. En estos momentos, están en proceso de revisión de todo lo hecho al día de hoy pues consideran que hay puntos flojos o que no se tocaron. Como Gabriel cuenta, Tavo no paraba, hacía de todo, siempre estaba rodeado de gente, así que sospechoso puede ser cualquiera. Sin embargo, el hecho de que haya aparecido golpeado, desnudo y flotando en el río, denota para todos ellos un crimen por su condición sexual, por su condición de vida. De hecho, el año pasado, el crimen de Octavio se presentó dentro de una lista de crímenes homofóbicos en la Secretaría de DDHH.

Lo sucedido el año pasado complica un poco más la situación al día de hoy. Como Gabriel cuenta: “No hay sospechosos, no hay nombres. De hecho es más difícil ahora, cuando el año pasado se descubrió que las fuerzas en general cobraban parte de su sueldo en negro, echaron a mucha gente de Prefectura, entre ellos, removieron a mucha gente del sector de Control de Gestión… andá a buscarlos ahora.”

Sentimientos

Yo siento una gran desilusión, yo creí y creo en la igualdad, me parece fantástica la ley de matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, pero yo me quería casar con un militar y en una sociedad machista, dentro de estructuras machistas, eso no debe ser nada fácil…

Hoy martes 11 a las 19 hs., a dos años de su asesinato, amigos y familiares realizarán una marcha y colgarán una bandera en su honor, en el puente de la Facultad de Derecho; Av. Figueroa Alcorta y Av. Pueyrredón.

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