Dos años de misterio e impunidad con un asesinato

Romero era suboficial de la Prefectura Naval y su cuerpo apareció flotando en el río con golpes en la frente y la nuca, tras varios días desaparecido. Su familia sostiene que lo mataron por su condición de gay.

Dos años de misterio e impunidad con un asesinato

En diciembre de 2011, Octavio Romero planeaba contraer matrimonio con su pareja, Gabriel Gersbach, con quien mantenía una relación de 12 años. “Tavo”, como lo conocían todos, era suboficial de la Prefectura Naval Argentina, y se convertiría en el primer uniformado gay del país en romper el cerco de la intolerancia y formalizar ante la ley, de paso visibilizando con valentía su orientación sexual.

Pero no pudo, porque el 17 de junio de ese año su cadáver apareció flotando en el Río de la Plata. Tenía golpes en la frente y la nuca, y cuando lo tiraron al agua aún respiraba. A dos años del homicidio, no hay sospechosos, y todo es impunidad. La pareja de Tavo lucha por encontrar a los responsables desde entonces. Primero hasta tuvo que abrirse camino frente a la justicia, que no lo aceptaba como particular damnificado y le negaba acceso al expediente.

“Creo que a Octavio lo mataron entre varias personas, porque tenía un gran estado físico. Su cuerpo apareció desnudo, flotando en el agua”, dijo Gersbach, que trabaja como taxista. Octavio desapareció el 11 de junio de 2011, cuando salió alrededor de las 20.30 de su casa en avenida Córdoba y San Martín, en Capital Federal. Iba rumbo a un cumpleaños, al que jamás llegó. Su teléfono celular dejó de funcionar dos horas después. Esos días fueron de profunda incertidumbre, hasta que Gersbach se enteró por televisión que el cadáver de su pareja flotaba en el río.

A Octavio revelar su condición sexual le había generado rispideces en la fuerza. Incluso, compañeros tan cobardes como anónimos le habían dejado mensajes amenazantes en las paredes de los baños. El expediente por el crimen está en manos de la fiscal Estela Andrades de Segura, a quien le pidieron que lleve a cabo distintas pericias.

“Necesitamos que se amplíe la declaración de los compañeros de trabajo de Octavio y que se analicen sus correos electrónicos”
, señaló Gersbach. Aunque en el marco de la deficiente pesquisa no hay imputados, tampoco sospechosos, los allegados a la víctima apuntan sus dudas hacia un crimen de odio, de características homofóbicas y perpetrado por varias personas.

Al ser asesinado, Octavio tenía 33 años y era efectivo de Prefectura Naval desde los 20. En ese tiempo, cursó la Licenciatura de Relaciones Públicas en la Universidad del Salvador y se preparaba para ingresar al curso de diplomático en ISEN. “Toda su vida era de amor, con su familia y amigos. Salvo en el trabajo, donde lo hostigaban. No vamos a parar hasta saber la verdad”, dijo Gersbach.

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